Sun Tzu

Despojado ya de todo sentimiento de mediocridad, me regocijo en la fehaciente creencia de que es posible un futuro mejor. Sin duda ninguna lo mejor de todo momento en esta vida es su preparación. La preparación, ese ritual mediante el cual pasamos de la duda al mayor de los gozos cuando pensamos en lo que haremos posteriormente. Es por eso que mientras me ducho con gel Axe exfoliante, me visto con la poca ropa de marca que tengo y me echo la colonia Hugo Boss que tenía al fondo del cajón, no puedo dejar de pensar en lo grande que será esta noche.

La camisa Polo Ralph Loren, que mi madre me compró en una ocasión para la comunión de mi prima, será la metáfora nocturna, en mi caso, de la máscara de un samurai. Cuando me la ponga todo será diferente. Uno no solo cambia de aspecto al vestir sino que cambia gran parte de su personalidad, igual que la armadura del samurai, que lo motiva para la batalla.

Y es que esta noche salgo con unos amigos. Hace dos años que no les veo, pero fueron unos juerguistas en la facultad y creo que lo siguen siendo.

Mi plan para despertar de la aletargada vida estudiantil sigue su curso. Hoy me como el mundo.

Si fuera SUN TZU sería incapaz de preparar una batalla mejor de lo que tengo planificada la noche.

Pai Mei

Los extremos se afilan hasta convertirse en peligrosas armas punzantes cuando aparece el aburrimiento. Éste, pese a toda creencia popular, no se traduce en un simple desasosiego y una apatía por el hecho de no tener nada que hacer. El ser humano necesita pensar y por tanto, cuando uno no tiene nada que hacer pues piensa…, y a veces uno piensa demasiado ya que a los pensamiento le siguen las acciones, unas acciones que nunca antes se harían si no estuvieran precedidas por el inherente pensamiento de una persona aburrida.

La infoexclusión a la que me he visto sometido estos últimos días, al quedárseme colgada la conexión de internet, me ha hecho reflexionar (y de qué forma) sobre demasiadas cosas. Bueno, sobre pocas…, bueno, me ha hecho reflexionar mucho sobre una: Sobre Susana.

Mira que era mala persona y que me lo hizo pasar mal, pero cuando pienso en ella no me acuerdo de nada de eso sino en lo bien que nos lo pasábamos. No sé, el caso es que en un impulso (sin duda, debido al aburrimiento) la llamé. Menos mal que lo hice con la tarjeta de móvil que me compré para hablar con Berta, y Susana este número no lo tiene, porque nada más descolgar colgué…, y repetí el proceso otras tres veces.
Ni que decir tiene que me arrepiento profundamente de eso. No sé por qué se me olvidó que  a los demoniacos seres del inframundo es mejor mantenerlos lejos.

Si fuera Pai Mei me liaba a leches con todos los muebles de mi casa…, me siento absolutamente ridículo y creo que así se me pasaría.

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