Despojado ya de todo sentimiento de mediocridad, me regocijo en la fehaciente creencia de que es posible un futuro mejor. Sin duda ninguna lo mejor de todo momento en esta vida es su preparación. La preparación, ese ritual mediante el cual pasamos de la duda al mayor de los gozos cuando pensamos en lo que haremos posteriormente. Es por eso que mientras me ducho con gel Axe exfoliante, me visto con la poca ropa de marca que tengo y me echo la colonia Hugo Boss que tenía al fondo del cajón, no puedo dejar de pensar en lo grande que será esta noche.
La camisa Polo Ralph Loren, que mi madre me compró en una ocasión para la comunión de mi prima, será la metáfora nocturna, en mi caso, de la máscara de un samurai. Cuando me la ponga todo será diferente. Uno no solo cambia de aspecto al vestir sino que cambia gran parte de su personalidad, igual que la armadura del samurai, que lo motiva para la batalla.
Y es que esta noche salgo con unos amigos. Hace dos años que no les veo, pero fueron unos juerguistas en la facultad y creo que lo siguen siendo.
Mi plan para despertar de la aletargada vida estudiantil sigue su curso. Hoy me como el mundo.
Si fuera SUN TZU sería incapaz de preparar una batalla mejor de lo que tengo planificada la noche.